Esta mañana entré en la zona crepuscular durante un par de minutos, abrí el armario, tomé unos pantalones y me los quede mirando, no los reconocía como míos, en fin, me los pongo, pues... (¡umpf!) me entran, me los abrocho, me quedo pensando y salgo de la zona crepuscular…ah ya sé, me los compré hace tiempo pero me había equivocado de talla y claro los abandoné por vagancia de ir a cambiarlos. No está mal, son cinco tallas de diferencia.

A otra cosa mariposa : hace poco me encontré en la tesitura de acudir a un tribunal de oposición. Como todos sabemos en los tribunales de selección existe la mitificada entrevista de adecuación del aspirante al puesto de trabajo. Hombre, no quiero ser tremendista y decir que eso es una pérdida de tiempo, pero de ahí a inferir que se puede saber si una persona es válida o no para lo que tenga que hacer me parece que, en todo caso, sería muy pobre juzgarla en un cuarto de hora escaso. Sobre todo por esas preguntas sacadas de no se sabe qué manual de psicología como por ejemplo: ¿Qué puede aportar usted al trabajo al que opta? Aquí se suele responder (y se obra juiciosamente si se hace) que si experiencia, que si capacidad de trabajo, que si conocimiento… pero uno también piensa y le dan ganas de soplar al oído del pobre pollo así por lo bajini -
oye tío, si quieres di que aportarás un paquete de galletas o flores…. Y es que uno también piensa y sobre todo se lee el currículum que ha aportado el individuo y se da cuenta que el tipo lleva diez años haciendo lo mismo de una manera excelente aunque sin plaza fija. Así que para qué toda esta comedia de la entrevista, si no hay más candidatos y, qué coñes, que se va a pasar la vida introduciendo facturas en una base de datos, es que mucho no puede aportar o innovar que digamos a no ser que la tecnología cambie y eso apunté levemente en la posterior reunión del tribunal.
Aunque siempre he sido políticamente correcto y siempre he hecho míos los versos de Propercio III, 4, 21-22
praeda sit haec illis, quorum meruere labores:/ me sat erit Sacra plaudere posse Via creo que con los años me voy a tomar la ventaja del desparpajo y voy a pasar a ser educadamente sincero... espero no rebasar la medida y convertirme en grotescamente grosero a lo Risto.
Otro día hablaré de las bailarinas de OT que me tienen loco o simplemente hablaré de las minifaldas cinturón en general... en el espejo, aparte de las arrugas, veo una ligera tonalidad verde.
El entrevistador me mira, con la pueril ilusión que al parecer le dan tres años de carrera de que si me mira por encima de las gafas conseguirá meterse en mi cabeza e imponerme un concepto algo romántico de sinceridad "pobre pollo pera...-pienso- Si tuvieras ocasión de hacerlo te pegarías un tiro al instante..."
ResponderEliminarAsí me pregunta qué puedo aportar a la empresa, cómo debe de ser un jefe para mí, cómo definiría "trabajo" y dónde me veo en cinco años... El secreto está en la sinceridad: En cuanto aprendes a fingirla, todo va sobre ruedas. Consigo in extremis refrenar mis respuestas de "Nada en absoluto porque creéis que lo tenéis todo pensado y que no puedo aportaros nada por lo que antes no hayáis decidido pagarme", "Mejor o invisible. Mi jefe tiene que ser mejor que yo o en su defecto, invisible" "Trabajo consiste en desaprovechar mi tiempo alquilándotelo por una miseria para que tú puedas desaprovechar el tuyo alquilándolo por otra miseria" y "¿En cinco años? Bien de ese lado de esta mesa o lejos, muy lejos de aquí" ...
Prefiere que le mienta.
Tú sí que sabes. Tendrías que ser ministro de agricultura.
ResponderEliminar¿Lo dices por mi caligrafía? Diputado en las cortes por Palencia, entonces.
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