miércoles, 18 de marzo de 2009

Terapia

Tanto tiempo sin escribir provoca que el reto, que me impuse hace poco, se vuelva más arduo.
Resulta curioso.
Cuando uno va, como siempre, pensando en lo suyo, ya sea caminando por la calle, ya sea en el tren que le transporta al trabajo, parece que el ese sería justo el momento de verter sus ideas sobre el papel o la pantalla. En cambio, cuando uno se sienta ante la máquina que le esclaviza a plazo fijo durante 35 horas semanales por propia voluntad, es como si se agolparan todas sus ideas y la forma de expresarlas no tuviera solución en el camino que va desde la mente a los dedos.
Resulta inquietante.
Quizá sea la falta de práctica.
Quizá sea por fin el fin de la apatía que me arrastra a hacerlo y al final esto será una mala copia de El otoño en Pekín, absurdo pero con una cierta lógica.
En todo caso no es más que una terapia… o no.

2 comentarios:

  1. Iniciativa que aplaudo. Leerte me devuelve a aquellos tiempos más gratificantes de futuro brillante, de resacas de diez minutos, de sexo fácil, atlético y diario en que todo daba igual, porque éramos jóvenes dioses y poetis atque sculptoribus omnia licebat. Me emociona verte aún con vida.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Querido Paulus,

    Muchas gracias. Que nadie se llame a error por lo de sexo fácil que no era entre nosotros.
    Un abrazo xiquitín!

    ResponderEliminar